Muchas veces nos hemos preguntado si los sistemas de gestión de la calidad, el medio ambiente o la seguridad son realmente eficaces, o hasta qué punto no son más que un negocio que mantiene la rueda girando.
De la tecnología a la cultura
Existen pocos estudios —especialmente en el ámbito de la seguridad y salud en el trabajo— que demuestren que implantar un sistema de gestión sea realmente eficaz. Sin embargo, ya en 2007 Patrick Hudson, en su trabajo «Implementing a safety culture in a major multi-national», planteó la hipótesis de que la siniestralidad se reduce en tres oleadas sucesivas:
- Tecnología. El uso de nuevas tecnologías, equipos de trabajo y medios auxiliares de producción reduce los accidentes al crear un entorno de trabajo más seguro.
- Sistemas. La implantación de sistemas de gestión reduce de forma significativa la siniestralidad.
- Cultura. La modificación de aspectos conductuales —liderazgo, comportamiento, compromiso, autocuidado— consigue una nueva reducción del número de accidentes.
¿Qué vemos cuando implantamos un sistema?
La experiencia en la implantación de sistemas de gestión nos indica que:
- Una vez implantado un sistema de gestión, disminuyen tanto el número de accidentes como los índices de siniestralidad.
- Los accidentes con una baja inferior a 45 días tienden a desaparecer.
- Los accidentes graves y mortales se ajustan a una distribución de Poisson: con el sistema ya implantado, su aparición presenta un carácter aleatorio.
¿Significa esto que, hagamos lo que hagamos, seguiremos teniendo accidentes?
La respuesta es, evidentemente, sí. Ahora bien, que un suceso sea aleatorio no significa que sea incontrolable: en un proceso de Poisson lo que se gestiona es la tasa media de aparición. No podemos predecir cuándo ocurrirá el próximo accidente grave, pero sí conseguir que ocurran menos.
Si tomamos como referencia la pirámide de Bird, por cada 600 incidentes se produce una lesión grave o mortal.
Con la implantación de un sistema reducimos la base de la pirámide, lo que conlleva una reducción del número total de accidentes y, con él, de los graves y mortales. Dicho de otro modo, un sistema de gestión tiende a anular aquello que está en la base de todo accidente: los actos y condiciones inseguras que se producen en el día a día.
Conviene, eso sí, no leer la pirámide como una ley fija. Estudios posteriores han mostrado que los precursores de los accidentes graves y mortales no siempre coinciden con los de los leves, de modo que, además de estrechar la base, el sistema debe identificar y vigilar específicamente las situaciones con potencial de causar daños graves.
La lógica de la realimentación
¿Cuál es la base científica de esta reducción del número de accidentes? La respuesta hay que buscarla en la teoría de sistemas realimentados. Un sistema de gestión se comporta como una «caja negra» que recibe múltiples entradas y genera múltiples salidas. Una de esas salidas es la siniestralidad y, en función de cómo actuemos, su reducción será más o menos rápida. Es decir, según lo estrictos que seamos en la aplicación del sistema, superaremos antes o después el régimen transitorio y alcanzaremos el régimen permanente, que representa el número de accidentes que tendremos en el futuro.
Orden frente a improvisación
Con demasiada frecuencia vemos en la prensa accidentes en los que posibles fallos en los procesos de producción han costado la vida a trabajadores. Son accidentes que, sin duda, tienen que ver con el control y la planificación del proceso productivo. ¿Se podrían haber evitado? Mientras siguen en investigación no podemos saberlo. Lo que sí sabemos es que los sistemas de gestión ayudan a controlar los procesos y a poner orden en el reino de la improvisación en el que tan a menudo habitamos.
«Los sistemas de gestión ayudan a controlar los procesos y a poner orden en el reino de la improvisación».
Hay, sin duda, más factores que influyen en la siniestralidad, pero debemos ser conscientes de que un sistema de gestión es, en el fondo, expresión de la identidad cultural de una empresa: transmite unos valores que van más allá del interés individual de cada trabajador. Y eso es, precisamente, lo que llamamos cultura empresarial.
Una idea para cerrar
Como escribió Antoine de Saint-Exupéry en Ciudadela, «en cuanto al futuro, no se trata de preverlo, sino de hacerlo posible». Los sistemas de gestión funcionan, y son la mejor garantía —para el trabajador y para la empresa— de haber hecho un buen trabajo.
Referencias
- Bird, F. E. y Germain, G. L. (1985). Practical Loss Control Leadership. International Loss Control Institute.
- Hudson, P. (2007). Implementing a safety culture in a major multi-national. Safety Science, 45(6), 697–722. Enlace
- Organización Internacional del Trabajo (2023). A call for safer and healthier working environments. Enlace
- Ministerio de Trabajo y Economía Social (2026). Estadística de Accidentes de Trabajo. Avance enero–diciembre 2025. Enlace
